Usted está en : Portada : Crónica Viernes 19 de agosto de 2005

Falleció empresario antofagastino Andrónico Luksic Abaroa

Santiago.- Anoche falleció el empresario Andrónico Luksic Abaroa, cabeza de uno de los grupos económicos más importantes del país.

Andrónico Luksic Abaroa, “don Andrónico”, tenía 79 años y hace un año escogió decirle adiós a los negocios.

El empresario renunció a los 78 años a la presidencia de Antofagasta PLC -el brazo minero de la familia-, el último cargo ejecutivo que mantenía al interior del grupo y le entregó el mando a su hijo menor, Jean Paul.

Hizo un paulatino alejamiento de sus empresas, donde fue reemplazado por sus tres hijos: Andrónico, Guillermo y Jean Paul (hasta ahora era vicepresidente del holding minero).

Un reportaje de El Mercurio consignó que los activos mineros tenían un fuerte valor sentimental para Andrónico Luksic Abaroa.

Fue precisamente en esta actividad donde Luksic comenzó a construir su imperio, el que, según la revista Forbes, le permitió transformarse en 2004 en el hombre más rico de Chile, y que según la publicación, tiene él solo un patrimonio de US$ 3.400 millones.

Hijo de Policarpo Luksic, un inmigrante croata y de Elena Abaroa, de una conocida familia del norte chileno-boliviano, el empresario nació en Antofagasta en 1926.

En 1952 comenzó su carrera en el mundo de los negocios con la compra del 25% de una empresa minera en Antofagasta.

Tras su inicio minero, el empresario comenzó en los 60 el camino de la diversificación, ingresando a sectores como la industria, la agricultura y el transporte.

Pero fue a partir de los 80 que el grupo comenzó a crecer y en los 90 dio el salto para transformarse en uno de los más grandes del subcontinente.

Actualmente, el grupo está organizado en dos holdings: Quiñenco y Antofagasta Minerals. El primero agrupa a los negocios financieros e industriales -Madeco, CCU, Telsur, Habitaria y el Banco de Chile-; mientras que en el segundo están la Minería, Aguas Antofagasta y el Ferrocarril Antofagasta-La Paz.

El primer gran negocio de Andrónico Luksic se produjo de forma totalmente inesperada. Corría 1954 y el empresario negociaba con unos japoneses la venta de una mina en la II Región.

Según él mismo contó, los asiáticos le dijeron: “¿qué le parecen 500 mil?” Y Luksic aceptó de inmediato pensando que 500 mil pesos de la época eran un buen precio para su yacimiento.

Pero inmediatamente vino la sorpresa: los japoneses le pagaron en el Hotel Carrera -que después compraría- US$ 500 mil, varios cientos de millones de pesos. Ahí se comenzó a construir el imperio.

 
 
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